Contacto

aureliobueno77@gmail.com

lunes, 10 de agosto de 2020

Escudriñando…





Por Aurelio Bueno
*De autoengañados
*López igual que Fox
*Sentenciada la IP
Dígase lo que se diga, el presidente, Andrés Manuel López, no se engaña a sí mismo, él quiere destruir al país, lo está destruyendo ya.
Su mentalidad mesiánica tiene de premisa el caos, como principio de todo cambio, de ahí parte la transformación que es el eje de su mandato.
Los que se están autoengañando son otros…
En la mente del presidente se sobreponen Marx, Lenin, Stalin, Trotsky, pero él no tiene ni la habilidad y mucho menos el temple de aquellos para gobernar un país.
Parece ser que, en cierto sentido, al presidente actual le pasó lo que a Vicente Fox quien en ese entonces, con la llegada del nuevo siglo, supo aprovechar el hartazgo de la sociedad, de los votantes, para sacar al PRI de Los Pinos, y hasta se volvió carismático durante su campaña y se pudo saborear una fiesta democrática.
Al poco tiempo se desinfló la burbuja. A Fox, como a AMLO, también le faltaron la habilidad y el temple para gobernar y darle a los mexicanos el resultado que esperaban, y no encontró la manera –algunos piensan que ni se lo planteó-, de tomar el papel de gobernante en serio. Y siguió la fiesta de la campaña, satisfecho con haber pasado a la historia como quien expulsó a la “Dictadura Perfecta” (Vargas Llosa dixit).
Pues ahora estamos en las mismas, el presidente López fue un gran candidato pero está resultando un pésimo presidente. No se puede negar que es congruente con su pensamiento de eterno candidato a la Presidencia de la República de “mandar al diablo a las Instituciones”, lo que ha querido decir es destruirlas antes que nada y luego reponer algunas con entidades dignas de un México más atrás del periodo neoliberal.
También destroza otras cosas, véanse sus proyectos energéticos con el empleo de energía que ya está obsoleta o en vías de extinción, su sistema de salud que enfrenta a la pandemia del Covid 19 a “tontas y locas”, la guerra declarada a la inversión extranjera, con los casos de los gasoductos, la cervecera Constellation Brands, Iberdrola y contando.
Habla de la Cuarta Transformación, lo cual está resultando una entelequia, un ente sin pies ni cabeza, del cual se vale para crear el caos que estamos viviendo en el país en lo cual, por cierto, la Pandemia del Covid 19, bien cierto es que le cayó “como anillo al dedo” al gobierno morenista ya que en un estado de emergencia sanitaria, le está permitido manejar a su arbitrio todo el poder del Estado para atropellar leyes, acuerdos internacionales, personas, dignidades humanas.
Y, los que se autoengañan y no quieren ver que son menospreciados, que sólo se les toma en cuenta para ser manipulados y, llegado el caso, desechados:
En primer lugar los pobres, unos 60 millones de mexicanos. Recordemos que fue el PRI quien castró (estamos hablando de la pérdida de hombría) a los ciudadanos mexicanos pobres, a los cuales convirtió mediante dádivas y circo, en sus fieles votantes. Ocurre ahora lo mismo, “las masas no piensan”, decía el clásico y, quizás por ello, estiran la mano y reciben todo lo que, según el gobierno actual, merecen por la injusticia de estar en la pobreza.
Es el camino fácil para “lavarse las manos con agua sucia” porque el dinero que se usa para esa “caridad” es el dinero de quienes sí pagan impuestos, de la PEA, es decir, de los trabajadores, de los pequeños empresarios de los profesionistas y de quienes desempeñan algún oficio, de los “causantes cautivos” pues.
Y ese dinero arrancado a los mexicanos productivos se ensucia en las manos del gobierno, precisamente porque se emplea para cooptar, para someter, para comprar la voluntad y la dignidad de esos pobres que, claro, tienen en porcentajes cercanos al 60 por ciento al presidente López, a pesar de haber cancelado el nuevo aeropuerto internacional de Texcoco, de dilapidar el dinero de los pobres en rescatar a Pemex, de acercarnos inexorablemente al medio millón de contagiados de Covid 19 y a los 53 mil muertos, de estar a un tris de perder el grado de inversión soberano, de tener hasta 12 millones de nuevos pobres, de ceder grandes porciones del territorio nacional al crimen organizado, a quienes les limpia las plazas de competidores indeseables.
Vaya, es una traición a los pobres quienes, agradecidos se autoengañan y no ven la trampa que compra su voluntad…
Otros que se autoengañan, son los empresarios, la IP. También hubo y hay una estrategia de sometimiento, de degradación, de exterminio, hacia ellos.
También aquí se aplica aquello del “anillo al dedo” (AMLO dixit) de la Pandemia ya que, debido a las políticas para disminuir los contagios de Covid 19, se calcula que desaparecerán unas 250 mil empresas, con el consiguiente aumento de familias en la pobreza. La actitud del mandatario López se resume en su dicho: “si han de quebrar que quiebren”. No hay misericordia de AMLO ni por empresas, ni por 52 mil muertos por Covid, ni por 40,000 asesinados por violencia criminal.
Pero los empresarios, de quienes se dice que para serlo no hay que tener corazón ni alma, ni conciencia (ni ni ni), tal vez por ello, pese a sus colegas esfumados o quebrados, una y otra vez se acercan a los gobernantes morenos (o ya no) y se doblegan primero ante Alfonso Romo –suele decirse allá en Monterrey que su fortuna comenzó con un pastel de boda- y se arrastran como lacayos en las reuniones a puerta cerrada con el presidente, quien los “sablea”, los exhibe, y les avienta en la cara sus propuestas.
Es una casta que está sentenciada…


En nuestras siguientes columnas tendremos otros autoengañados…
Apuntes
Es explicable, muy explicable, que el Consejo Coordinador Empresarial sea un mal interlocutor con el gobierno de AMLO, desde hace ya muchos años dejó de tener la fuerza moral que le caracterizaba. Ello, claro está, tiene como fondo el que los empresarios, los auténticos empresarios ya no son quienes lo encabezan y ahora lo hacen sus empleados jubilados que ocuparon puestos de “angora”, pero que no juegan con el respaldo y poder de su dinero, de su prestigio internacional y nacional. A fin de cuentas sólo son empleados disciplinados y acostumbrados a obedecer. Se recuerda con eso a empresarios que amenazaban hacer caer la Bolsa o bien provocar una corrida financiera, con el simple hecho de mover sus capitales; y con ello hacían reaccionar a la autoridad. Qué, ¿el dinero ya no manda?


No hay comentarios:

Publicar un comentario